martes, 9 de octubre de 2018

SUEÑO EN COLOR TIERRA SEVILLA

De mi libro MIS SUEÑOS EN 39 COLORES dejo el capítulo en color TIERRA SEVILLA engrandecido con la foto de Jorge Lázaro y la generosidad de la modelo María Canelas.


“Diez minutos, por favor…” Me decías con la voz borrosa del despertar. En mi sueños, cuando recuerdo esos amaneceres entre playas de arena azul junto a ELLA, la percibo como la aparición de una imagen, velada por la semiinconsciencia de las últimas brumas, iniciando el regreso desde un sueño cargado de deseos y de vagas figuras que resucitan, entre el olor dulce de nuestra piel, después de una gloriosa noche de amor. Mis caricias eran a veces trémulas y temblorosas por si ella no despertaba. Otras, la mayoría, sensuales buscando lentamente el dulce y tierno resurgir de unos sentidos puestos a reposar en el fondo de los innumerables abismos hasta donde caíamos empujados por la pasión que, siempre, acompañaba a nuestro amor.

“Diez minutos, por favor…” Diez minutos que nunca respeté. Sabía que si te acompañaba en el regreso a la realidad con caricias suaves, casi perdidas, como besos robados por el viento de cualquier esquina, tu cuerpo se estremecería como un racimo de uvas en septiembre. Sabía que si sentías mis dedos seguros caminar sobre una piel, la tuya, que conocían por haberla recorrido golosamente durante miles de kilómetros, experimentarías la misma satisfacción del escenario sobre el que un bailarín danza sin apenas rozar las tablas.

“Diez minutos, por favor…” Y sonreías con la inocente dulzura de la hembra hecha mujer que se siente niña al enamorarse en la madurez. Entonces, lentamente, llena de sensualidad, comenzabas el regreso hasta mi realidad, una realidad que estallaba entre tus manos cuando al sentir la quemante fuerza de mi mirada en tu espalda, te girabas y subías a bordo de la goleta en que viajaríamos juntos…

Zarpábamos apresurados, desde la calma, para embarrancarnos en las dunas de la pasión que nos iban rodeando, la nave avanzaba sola, como conociendo el camino y conociéndonos a nosotros, conociendo nuestras cartas de navegar y la dirección hasta el puerto donde queríamos varar. Cuando en un último esfuerzo, lleno de ternura, pasión, cercanía y placer atravesábamos juntos, y a la vez, el rubicón de nuestro amor, entrábamos plácidamente en un espacio donde el reloj deja de marcar los minutos.

Allí, cansados, felices, empapados el uno del otro, los dos cuerpos fundidos en uno solo, yo te miraba calmosamente a los ojos y te decía…
“Cuéntame un cuento…”
“¿Cómo lo quieres…?”, preguntabas felizmente extenuada
Y yo, mirando con calma mi vieja bandera amarilla, te respondía: Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie…”


2 comentarios:

Cristina dijo...

Una delicia cada vez que vuelvo por el blog. Precioso sueño acompañado de una fotaza de una modelo bellísima. Felicidades a todos los que habeis puesto un grano de arena en esta entrada.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias Cristina, tus paseos por el blog siempre son motivo de slegría. Saludos cercanos