miércoles, 6 de mayo de 2015

HOJAS SUELTAS

Continuo con la publicación iniciada ayer de mis recuerdos de niñez y adolescencia. Hoy una entrega evocando aquello algodones de las heridas de infancia.




                                    VI.-   ALGODONES DE LUNA



                Hijo, tíralo al “bater”, que no lo vea la luna…!!!       Y para mí, se encendía un mundo mágico e inalcanzable, lleno de oscuras veredas y de reflejos perdidos…


                Era mi madre…  con su voz cansada y llena de matices, quién me repetía su temor a que los algodones usados. Inyecciones invierno, caídas de niñez o heridas de vejez quedaran indefensos ante la luna…



                Hijo, tíralo al “bater”, que no lo vea la luna…!!!       Y yo corría aleteado por una supersticiosa imaginación a sepultar, en la cascada de agua del cuartillo del patio, lo que inocentemente  veía como desencadenador de no-se-qué terribles infecciones…


                 Hijo, tíralo al “bater”, que no lo vea la luna…!!!          Y al volver, la dulce sonrisa de mi madre, entregaba a mis ojos asustados la paz que le había robado, la húmeda oscuridad del patio en silencio…

1 comentario:

Antonia María dijo...

No pierde su belleza con el paso de los años.