viernes, 17 de julio de 2015

HOJAS SUELTAS. MIS VIAJES AL PICACHO.

Vuelvo hoy con otra de mis HOJAS SUELTAS, recuerdos de mi infancia sin duda coloreados por la distancia de los años, pero míos en lo más profundo de mi corazón.

Durante años el faro de El Picacho, donde vivia mi abuela Milagros, fue el objeto de mis sueños y fantasías allí, en mis visitas, me sentía un niño feliz sentado en la terraza más alta de la torre, desde donde daba rienda suelta a mis ensoñaciones de niño fantasioso. Hoy os dejo la titulada VIAJE AL PICACHO.



                                                IX.-  VIAJE AL PICACHO


                     Para mí,  era un puro júbilo cuando en verano íbamos al faro a ver a la abuela Milagros. En mi mente infantil el faro, era sinónimo de aventuras fantásticas, de noches de temporal y de historias llenas de mar y de distancias…


                     Era la viva imagen de la impaciencia cuando marchábamos en la destartalada camioneta o en la barca del Tiro hasta Palos allí, a veces, pasábamos la noche en la casa de La Peana, donde la tía Regina, para luego madrugar y esperar en la esquina del Ayuntamiento la llegada de Carretero con el coche del Puerto.                   
                       Que febril ansiedad por el camino rojizo de grava  y que miedo al llegar a las Madres con su viejo puente de madera y sus leyendas de ahogados en noches de luna llena  para presentir, con la vista fija, el final de la curva y poder divisar la cúpula del faro.    Primero eran los destellos del sol que reventaban en ella, como una granada en sazón y luego la línea del mar…  Difusa al comienzo, firme después, acompañada del trinar de pájaros perdidos y del olor a romero, a retama, a jara, a pinos, a  albahaca…


                     Yo este tramo, lo pasaba en éxtasis de excitación que, solo se rompía, cuando al volver el coche la esquina del faro, veía a la abuela vestida de negro, con su velo, sentada al pasar de los días, junto a la sombra de la morera…


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