lunes, 14 de septiembre de 2015

HOJAS SUELTAS. EL CEMENTERIO

Retomo la publicación de algunos capítulos de MIS HOJAS SUELTAS. Recuerdos de mi vida, escritos hace más de 30 años,  pero llenos de la actualidad que le conceden los sentimientos.

Recuerdo hoy mis visitas al cementerio en unión de mi padre en cada inicios de todos los noviembre...




                                          XVII.- EL CEMENTERIO


                            Tiene para mí, su sonoro silencio, como una extraña atracción, como una acuciante llamada, como una cita inconcreta…


                            He vuelto este año, como todos, acompañando a mi padre para la fiesta, equívoco dicho, de los difuntos…          Hemos llegado y hemos pasado por las colas de mujeres ante las tomas de agua, con el mismo silencio con lo que hicimos ante el dolor roto,  a veces,  en quejas populacheras por  viejas enlutadas   bajo los nichos de sus seres queridos…       Curiosamente  siempre lo hice lleno de la infinita paz que me comunica este lugar de falsas vanidades…   


                           Hemos recorrido el camino hasta la tumba de la abuela María con los ojos prendidos en las borrosas inscripciones de viejas lápidas…  el corazón abierto  a la verdad de nuestras vidas y con los sentidos anclados en aquella mañana de brumas de Febrero en que vinimos a traer a la tía Feliciana…
               
                            Al actualizar estas viejas notas, me veo en la necesidad sentimental de ampliarla con las líneas que siguen, cargadas de sinceridad y con un halo de remordimiento filial…                         

                            Un año, cuando caminábamos por el cementerio,  sentí la necesidad de decirle a mi padre lo mucho que lo quería…   agradecerle tantos sacrificios para que terminase mi carrera, tantas renuncias para que su hijo fuese alguien “importante”…    Y las palabras no me salieron, me dio vergüenza hacerlo… y desde donde  esté…  verá mi desconsuelo por no haberlo hecho… porque hoy ya no  puedo decírselo…   aunque daría cualquier cosa por volver a hablar con él un sólo minuto de mi vida…    

                        Ahora todos los años, cuando le llevo flores,  se lo repito una y mil veces… GRACIAS PAPÁ…   y también  GRACIAS MAMÁ…  porque con vuestra  labor abnegada hicisteis que vuestros hijos siempre fuesen impecables, inclusive llamando la atención  por su presencia, manera de vestir y buena educación.






2 comentarios:

Amaya dijo...

Emotivo, tal y como eres tu Diego. Al honrar a tua padres te honras a tí mismo.
Un gran abrazo buena persona.

Anónimo dijo...

Precioso, tierno y lleno de amor. Gracias Diego