viernes, 17 de junio de 2016

MI SUEÑO EN COLOR HABANA

Acabo de dejar unos fragmentos del sueño en la página de MIS SUEÑOS EN 39 COLORES quiero, para los seguidores del blog, regalarles la oportunidad de leer completa la historia de AMELIA GOYRI

SUEÑO EN COLOR HABANA

 Paseábamos juntos en un coche de caballos, La Habana se
desperezaba con el comienzo del verano, íbamos sentados bajo la
capota, las manos enlazadas, los ojos prendidos y los sueños volando
al compás de la brisa del Parque Central. De pronto le dijiste
al cochero que se dirigiese hasta el Cementerio de Colón, te miré
sorprendido y me susurraste al oído… “Te voy a contar la más bella
historia de amor que guarda entre sus muros… La historia de
AMELIA”.
Atravesamos las anchas cancelas de hierro, la inmensa avenida
central nos contemplaba en silencio, roto solamente por los
cascos del caballo y el caminar de las ruedas del coche, tumbas
y panteones, todos en mármol blanco, servían de fantasmagórica
puesta en escena mientras el Sueño me decía… Mira, vamos a visitar
la tumba de Amelia Goyri, la historia de amor más hermosa
y venerada que guarda la memoria de los habaneros. La leyenda
cuenta los amores de Amelia y su primo José Vicente, con quién
finalmente se casó. Murió la joven a los pocos meses de la boda,
consecuencia de un embarazo desafortunado, y recogen las historias
la loca desesperación del esposo que visitaba la tumba de su
amada dos o tres veces al día cubriéndola de flores. La tumba está
coronada por una estatua de tamaño natural y perpetúa a la joven en
una imagen de mujer serena, joven y bella, con uno de sus brazos
carga un niño recién nacido y con el otro se apoya en una cruz latina. 

Al llegar, su esposo la “despertaba” con tres golpes en una de
las argollas, existentes a los pies de la tumba y conversaba con ella,
le pedía consejos y ayudas en situaciones especialmente difíciles.
Y esto fue así durante cuarenta años hasta que el también murió.


Afirmaban los devotos de Amelia que ella había sido enterrada
con el niño recién nacido a sus pies y que al realizar la exhumación
para reunirla con su esposo, para maravilla de los presentes,
ella estaba intacta y el niño aparecía cargado en sus brazos de manera
milagrosa. Ella lo había protegido…


El Sueño hizo un alto en la narración, me miró a los ojos y
comprendió que yo estaba prendido entre los caminos de la leyenda
y que mi mirada le pedía continuar. Siguió… Desde entonces, la
tradición popular habanera incorporó a Amelia al repertorio de los
cultos espontáneos y le otorgó poderes mágicos. Ella es “protectora”
de mujeres embarazadas, de hijos recién nacidos y se ocupa
de situaciones de necesidad, problemas de salud, mal de amores,
estudios, especialmente los de Medicina. Todos los que llegan peregrinando
a su tumba, que sigue cargada de flores, tocan tres veces
la argolla de la lápida blanca, así despiertan a Amelia, la saludan
de frente, se santiguan, dan una vuelta alrededor de la construcción
y se detienen junto a la estatua para acariciar los pies desnudos
del niño y la túnica de la madre, sin dar nunca la espalda a la “Milagrosa”
pidiéndole solución para sus problemas o, simplemente,
protección para cualquier mal. A veces, para asegurar sus ruegos, lo
escriben en un pequeño trozo de papel que dejan en los rincones del
monumento para que la Santa no lo pueda olvidar. Luego se retiran,
despidiéndose, sin dar nunca la espalda a la venerada Amelia.


Estábamos sentados bajo la capota que nos protegía del sol 

de mediodía, bajamos del coche y nos acercamos hasta la morada
de Amelia, íbamos cogidos de la mano, el Sueño me entregó un

pequeño papel doblado y me pidió que lo dejase entre las flores
mientras ella hablaba con la “Santa”. Luego, cuando dejábamos
atrás la inmensa avenida en silencio le pregunté…


“¿Sueño, qué has escrito en ese pequeño papel…?”
Ella, sonrió, perdió su mirada en nuestra lejana bandera amarilla
y me respondió…
“Los misterios y los caminos del amor son infinitos…” “Me
quedan muchos papeles que escribir para que nunca te alejes
de mí…”

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