miércoles, 28 de diciembre de 2016

MI SUEÑO FAVORITO

Como regalo de fin de año os dejo el primer sueño de los 39 que contiene el libro MIS SUEÑOS EN 39 COLORES. fue quién me inspiro seguir escribiéndolos y es. sin duda, si sueño favorito: El SEPIA. Foto de Jorge Lázaro



       Te quitabas el lazo de la cintura, te arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda de algodón, me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y reías. Estábamos tan cercanos que no podíamos ni vernos, los dos absortos en un rito que pretendíamos eterno y resultaba efímero pero repetible, envueltos en el calor y el olor que creábamos juntos.

      Me abría paso por tus caminos del alma. Mis manos buscaban por tu cintura temblorosa y encontraban las tuyas impacientes para recorrer juntas los caminos interminables de los sueños compartidos.  Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tu presencia mientras me decías mil veces: “ven” con tus labios posados sobre los míos.

      En el instante final teníamos un atisbo de una completa soledad, disfrutada a partes iguales, cada uno perdido en su quemante abismo, pero gozando de un horizonte compartido donde pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego, para descubrirnos abrazados en el desorden de los inmensos almohadones, bajo el mosquitero blanco de nuestros sueños.

     Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos del alma, unas veces sonreías mientras los entornabas y otras te sentabas a mi lado. Las piernas recogidas con una gracia innata que oscilaba entre la inocencia y la provocación, te gustaba pasarte el chal de transparencias entre un hombro y tus pechos que sonreían tras las proposiciones indecentes y mágicas del tejido y, todo esto, lo hacías rodeada del silencio de la noche que apenas comenzaba.

     Así te recuerdo…en una calma,  mezcla de extenuación y de deseo renovado…

     Yo entonces te miraba, perdiéndome en la profundidad de tus ojos claros, y te decía

          “Cuéntame un cuento”
          “¿Cómo lo quieres…?” me preguntabas
         Y yo, izando una imaginaria bandera amarilla, te respondía: “Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie…”



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