domingo, 2 de junio de 2013

COLABORACIONES EN ROSA Y AMARILLO

Transcribo la nota de que ya utilicé en otra ocasión para presentar a mi querida amiga FELICIDAD BATISTA que nuevamente prestigia a del rosa al amarillo con su narración  "DESARMANDO LA NOCHE". Colaboró en el blog por vez primera el 12 de febrero del pasado año y entonces os  la presentaba de esta manera...

Licenciada en Geografía e Historia en la especialidad de Historia del Arte. Titulada Superior-Bibliotecaria de la Biblioteca de Presidencia del Gobierno de Canarias.
Ha publicado en la revista digital Letralia, Tierra de Letras que se edita en Venezuela; en el número 3 de la revista literaria Entropía; en El Desván de las Palabras; relato seleccionado y publicado en el libro digital colectivo Poética del reflejo: 15 años de la Revista Letralia, Tierra de Letras; en el libro El vientre de una pasa y otros relatos. Artículos en prensa y en páginas web.

 
Participa en la Fundación Literaria Argentina Internacional

Finalista del II Concurso Relato Corto Mujeresisla, organizado por el Cabildo Insular de La Gomera con el relato La atormentada vida de Martina Darias.

Los que seguís el blog,  conoceis por mis comentarios que sus éxitos literarios han continuado desde entonces hasta situarla en la narradora cercana y brillante que se encuentra en plena madurez literaria.
Publica habitualmente en su blog Buenos Aires 1929 Café Literario.
Absolutamente recomendable su lectura. Os dejo de su mano...


Desarmando la noche

Felicidad Batista



La mañana que entré en la noche caía una llovizna encendida bajo los rayos de sol. El arco iris se zambullía en el mar y se arqueaba hasta el horizonte. Pero un eclipse cubrió mis días. Y daba igual que inhalara el aroma de las buganvillas o escuchara la algarabía de los niños jugando en los parques. Me perdí en una interminable noche deshabitada, sin estrellas, sin ni siquiera el ulular polvoriento del aire calinoso.

Sostenía un paraguas por el que resbalaba la lluvia y mojaba a Raúl que me miraba amurallado. Él movió varias veces la cabeza repitiendo que no, que no podía continuar. Los últimos diez años se derrumbaron como un edificio dinamitado. Y los escombros oscurecieron el día. Vi el agua que discurría como un riachuelo junto a la acera. Pensé si no sería yo diluida, discurriendo por la calle. Enmascaré mi perplejidad con un falso entiendo. Y él se subió el cuello de la chaqueta, se giró, y se alejó con las manos en los bolsillos. Yo también me di la vuelta y me fui en dirección contraria, hundiéndome en la noche.

Dimití del día. Pero cuando la negrura arreció, me fui al frente de batalla. Y recorrí las trincheras  de desamar. Al principio fue una lucha desigual, como si en solitario atacara a los guerreros de Xian. Pero poco a poco fui aplicando técnicas de guerrilla. Dinamité recuerdos, destruí fotos, cartas, y otros documentos dolientes. Volé el puente hacia la nostalgia, olvidando canciones y censurando películas. Pero mi avance se detenía siempre ante la imagen de Raúl alejándose de espaldas bajo la lluvia.

Continué nadando en ese mar pedregoso de abandono y ausencia, sin victoria, sin armisticio.

Una tarde, noche para mí, me tropecé con Raúl en una calle estrecha del centro histórico de La Laguna, junto a la iglesia de La Concepción. Me invitó  a un café en el Venezia. Nos sentamos delante de un gondolero que remaba alegre bajo el Ponte Vecchio. Hablamos de lo bien que marchaban nuestras vidas. Raúl me contó su proyecto de dirigir Esperando a Godot, en otoño. Yo envolví mi  trabajo en la aduana con papel de celofán. E improvisé los detalles de un próximo viaje a Nueva York. No flanqueamos la línea del pasado ni nos citamos en el futuro. El presente nos inundó entre los canales que colgaban fotografiados por las paredes.

Antes de despedirme le pedí que no se levantara, que permaneciera allí hasta que abandonara el Venezia. Cuando llegué a la puerta del Café me giré y  me despedí levantando la mano.

Me adentré por la calle adoquinada de San Agustín. Las farolas se fueron encendiendo como luces de gas; las estrellas se balanceaban encima los tejados, pero por las esquinas ya se apostaba el amanecer.  Recordaba a Raúl sentado, esperándome.


7 comentarios:

Felicidad Batista dijo...

Diego, gracias por publicar mi relato en tu blog.
Es un honor y una alegría siempre compartir tu espacio
Agradezco tu generosidad y amabilidad.
Un abrazo

Migli2007 dijo...

Como siempre, un excelente y vívido relato de nuestra querida amiga Felicidad Batista.

Con respecto a Felicidad, agrego que ella, con generosidad, amistad y cariño, ha adornado las páginas de nuestra Revista Verbo(des)nudo en varias oportunidades.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias a tí Felicidad, le das categoría al blog con tus colaboraciones.
Un abrazo amiga.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias, comozco la buena relación de Felicidad con vosotros y sus colaboraciones en la revista. En Chile la quereis como en todos sitios donde se la conoce.
Saludos

Aurora García Rivas dijo...

Es que Felicidad, además de talento, es original. Me encanta su estilo, tan austero siempre.Un abrazo a los dos.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Aurora las puertas del blog están abiertas de par en par a tu pluma querida amiga.
Gracias por tu visita y un abrazo cercano hasta tu querida Asturias.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Aurora las puertas del blog están abiertas de par en par a tu pluma querida amiga.
Gracias por tu visita y un abrazo cercano hasta tu querida Asturias.