domingo, 23 de noviembre de 2014

LA HABANA

Acabo de asistir a la gala de clausura del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva que se ha cerrado con la proyección de la película REGRESO A ÍTACA que  ha despertado  recuerdos de mis experiencias habaneras, por eso quiero copiar lo que escribí en este mismo blog cuando presente mis esritos viajeros reunidos para la radio con el nombre de MI CUADERNO DE BITÁCORA. Decía así...
"Quiero hoy presentaros una de las novedades del programa cara a la próxima temporada, se trata de mostraros, necesariamente resumidos, los recuerdos y las vivencias de mis viajes por el mundo: El Cairo, Jerusalem, Estambul, La Capadocia, Shangai, Pekín, La Habana, las playas caribeñas de Isla Margarita: Juan el Griego, Yaque, Parguito... El exotismo de Marruecos, los preciosos pueblos de los Alpes: Lucerna, Salzburgo, la dulce y romántica Venecia o las grandes capitales europeas: Viena, Bruselas, Amsterdam, Lisboa, Munich, Budapest, Ginebra, Roma o Paris... todos unidos por el nombre genérico de MI CUADERNO DE BITÁCORA, ya el pasado año probé con mi viaje a Cuba, y hoy quiero repetiros un resumen de aquél artículo con mis sensaciones en esa inolvidable ciudad que se llama LA HABANA..."




... LA HABANA, olores y aromas a tabaco y ron, a sensuales abrazos del Atlántico y del Caribe, a brisas coloreadas de boleros inolvidables. LA HABANA, un ciudad donde cada calle, cada rincón, cada plaza, cada bulevar tiene su propia historia. Una ciudad con sabor diferente, con una luz distinta, se diría que en LA HABANA no hay ruidos, solo sonidos. Sonidos a música en cualquier barecito, en cada casa de comidas, los paladares, salsas y boleros a cualquier hora del día, sonidos a viejas radios escapando por las ventanas abiertas de pisos ruinosos y voces a niños jugando, que ya son sonidos olvidados en otras ciudades...

Calle del Obispo, desde el Floridita, el templo de daikiri, hasta la Plaza de Armas y su mercado de libros usados, pasando por Ambos Mundos, una cerveza Bucanero y su piano siempre acariciando boleros... La Plaza Vieja, con su casa de Cádiz, pura Andalucía colonial trasladada por la brisa del Atlántico a través del Océano, la bajada por el Prado hasta el Malecón, llena de palacetes desconchados rezumando historia entre el desgarro de sus fachadas coloristas y el caminar voluptuoso de las habaneras en flor, la alegría estrecha de la calle Mercaderes o Compostela o San Ignacio. La Casa de la Obrapía, impresionante por su belleza y sus patios interiores totalmente remozados. La Plaza de la Catedral, adornada con las cubanas ataviadas para el turista, enormes puros y suave contoneo de sus caderas, frente el palacete del Patio, sones, bullicio, comidas y combinados en un ambiente de hace siglos y abrazándola, a la vuelta de la esquina, la Bodeguita del Medio, icono del buen mojito...


Pasear en coche de caballos desde el Parque Central hasta el Vedado, pasando por Habana Centro y el Barrio Chino, entrar por el Cementerio Colón, una obra de arte, sentimientos esculpidos en mármol y lleno de leyendas como la de Amelia y su tumba rodeada de creyentes, de rituales y de flores frescas, seguir y tomar un helado en Copelia, con sabores a fresa y chocolate y un mojito en el jardín del Hotel Nacional, volcado sobre el Malecón, mientras te cantan boleros a la hora del almuerzo...
Cruzar las avenidas de Miramar y regresar al bullicio del Parque Central y el Capitolio, rodeado por el antiguo Centro Gallego, hoy Teatro Nacional García Lorca. A su frente los soportales, tras el Centro Asturiano, fachadas derruidas pero llenas de viejas grandiosidades. La comida en Los Nardos y el café en la terraza del Hotel Inglaterra... Recrearte en los viejos automóviles de hace medio siglo con sus imponentes carrocerías y sus colores impecables y gritones como la propia ciudad, los coco-taxis, las bicicletas con pasajeros, los coches de caballos


Pasear por La Cabaña, junto al Morro, en la otra orilla de la ciudad, llenarte de su atardecer en mil colores que se esconden tras las lejanas avenidas de Miramar y esperar el cañonazo de la 9 tomando un mojito mientras escuchas, por enésima vez, a grupos que animan todas las terrazas de la fortaleza donde vivió el Ché... Más adelante, en la misma orilla, la Santería, Guanabacoa, Regla y su Virgen Negra, la yemayá de los viejos esclavos africanos que escapaban desde la ciudad... cuanto fervor en los rezos y las ofrendas y, en sus puertas, las viejas descendientes de esos mismos fugitivos vestidas de blanco y amarillo, te predicen tu futuro o clavan las agujas de vudú...
El regreso, acariciado por olores a muelles y a sal, en las barcazas que se abren camino por la bahía de La Habana entre estertores cansadas de navegar..


Caminar por sus pueblos coloniales, detenidos hace siglos... Caibarién, Remedios, su plaza con dos iglesias y su leyenda de una Virgen aparecida en el mar y rescatada por unos pescadores que en noche de luna llena se cambia tercamente de una a otra iglesia... Sus casas restauradas y refulgentes de añil, rosa, amarillo, anaranjado... una gama de colores que da a Cuba esa sensualidad única de borrachera visual...


Y lo mejor de Cuba... Sin duda: Los cubanos... A cuanta buena gente conocí: Ernesto Cantelli, poeta, escritor, director de teatro, cicerone rebosante de cultura, inolvidable sus versos recitados a viva voz en la misma puerta de la Bodeguita del Medio. Mª Victoria Durán y Manolo Fernández, Directores de Génesis, la Galería de Arte de la Plaza Vieja, organizadora de la Bienal pictórica de La Habana. Inolvidables dos cenas en casa de Manolo con su bella esposa Odalys y tertulias irrepetibles hasta la madrugada y en Remedios, la familia de Alfredín, que nos abrió su casa y sus corazones ofreciéndonos desde su escasez todo cuanto podían para agasajarnos... Cuanta buena gente: Yolanda, Directora de la Casa de Cultura de Remedios, Rudy un cochero encantador, Adolfo, sabio y culto taxista...

Yo, parafraseando a Carlos Cano, quisiera y me atrevo a decir que..."Cádiz es La Habana con más salero y La Habana es Cádiz con más negritos..." Hasta siempre amigos cubanos que la brisa del Atlántico os lleve mis recuerdos y mis nostalgias... Volveré.


Un fuerte abrazo de vuestro amigo DIEGO LOPA

2 comentarios:

Amaya dijo...

Ohhhh, Diego yo quiero ir a La Habana. Se te lee y sientes que paseas por esos sitios tan hermosos que tan maravillosamente describes.
Tienes el poder de transportar a tus letores hasta donde decides hacerlo.
Un abrazo

Cristina dijo...

Hermoso paseo por La Habana una ciudad que siempre me ha encantado conocer y que ahora has acercado desde tu pluma amigo.
Besos