miércoles, 29 de junio de 2016

MIS SUEÑOS EN 39 COLORES

Os dejo unos párrafos del sueño en color HORIZONTE de mi libro MIS SUEÑOS EN 39 COLORES con foto de Jorge Lazaro


             En el calor húmedo de la madrugada, cuando comienza el des­file sonoro de cientos de pájaros que viven velando mi sueño, para luego despertarme cuando su poco sentido se lo ordena, acudes pre­surosa a la primera visión con que me topo en la vuelta a la realidad. Y en ese estado dulzón, entre la inconsciencia y las nubes blancas de lo cotidiano, apareces con la misma fuerza con que has ocupado mi vida desde que aquella tarde-noche nos cruzamos en uno de los infinitos caminos que llenan las veredas de nuestras vidas…


…Me detengo en la calidez húmeda de tus piernas y te acaricio, como tantas veces hice, con la punta de mis dedos, viejos amigos de tu cuerpo, que buscarán en este nuevo encuentro los claros de luna que, en tantas noches de amor, han iluminado mi camino por los senderos del alma hasta fundirlos con tu piel para llevarte, en volandas, a pasear por nuestro hermoso mundo de “nunca jamás…”.

Todo eso, y más, florece en el otoño de mis recuerdos cuando se que voy a volver a verte, a poseerte en la entrega voluntaria y desenfadada de mi Sueño. Pero, sobre todo, acuden en racimo el recuerdo y el sabor inconfundible de tus besos, envueltos por el celofán de aquella primera vez que nos marcó, para siempre, con el sabor de nuestras bocas enfermas de necesidad y sin otra medicina conocida, que no pasase por un reencuentro feliz.

Con las lluvias de primavera en nuestras almas, con las inquie­tudes de la espera desbordadas por las emociones, y con los senti­mientos prendidos por los alfileres de acero de nuestros amores, se nos acelera el pulso devolviéndonos a una dulce y gozosa adolescencia.

Es en esas esperas agridulces, cuando veo tan cerca y tan le­jos a la vez, como se abrazan el beso del reencuentro y el de la des­pedida, te mando con mi alma, una vieja petición, para que siem­pre, siempre… estés viviendo en el caparazón de nuestros amores. La pienso, la beso y te la envío con el sonido del viento.

Ese sonido te dirá: “Sueño, cuando me beses quiero que me cuentes un cuento”.

“¿Cómo lo quieres…?” me preguntarás desde tus labios lle­nos con sabor a cerezas.
Miraré inquieto hacia nuestra vieja bandera amarilla, llena de esperas eternas y te diré:“Cuéntame un cuento que no le hayas contado, ni le vayas a contar, por nunca jamás a nadie…”