lunes, 11 de mayo de 2015

HOJAS SUELTAS

Continuo con mis HOJAS SUELTAS  y lo hago con el recuerdo imborrable de mi primera MAESTRA (y lo pongo con mayúsculas) Doña Pepita Álvarez. Su escuela infantil estaba situada en la vieja calle Aguas (Cardenal Cisneros) casi de esquina con la calle de Enmedio. Años después, cuando pasaba por el solar, aún con las pizarras abandonadas en las paredes desnudas, una nube de nostalgia me embargaba de manera emocionada.




                                                     VIII.-  DOÑA PEPITA


                    A pesar de los muchos años transcurridos, cuando llega hasta mí el olor inconfundible del brasero, que aliviaba las anchas tardes de invierno en nuestro viejo colegio, no puedo evitar que mi corazón vuele en la distancia y evoque la dulce figura de Doña Pepita…                   Doña Pepita, era una de aquellas maestras, ancianas ya hace veinte años,  que hacían de su amor, el mejor de los magisterios.

  

                    Pequeña, algo entrada en carnes, con su cara de muñeca de aparador, redonda, el color fortalecido en los pómulos y sus viejas gafas de carey.
             

                    Aún la recuerdo cuando la esperábamos en la esquina, junto a la tintorería, deseando divisarla por la calle de las Señas, para salirla al encuentro corriendo alborozados…

                 
                    Como podré olvidar aquella taza de chocolate, con que me obsequió una mañana de San José, cuando le llevé una caja de bizcochos que mi madre había comprado en la tienda de Barroso, la misma donde ella me llevó como “el niño que mejor lee de la clase…”  y donde quiso el azar que estuviera mi madre que premió mi lectura ante las parroquianas con una lágrima  y  con el dulce gesto de ternura de una madre feliz…


6 comentarios:

Poetiza dijo...

Saludos a la Distancia. Siempre sera un placer pasar a leerte. Cuidate mucho.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Mi querida Sandra, la primera visita que tuvo el blog desde el extranjero. Fuiste tu desde tu Mexico amado quién entró y se convirtió en una amiga imprescindible en sus rincones.
Un abrazo muy fuerte y cercano hasta tu tierra.
Ni el blog ni yo te olvidamos Poetiza

CARMEN MARTAGÓN ENRIQUE dijo...

Me encantan esos recuerdos. Son tan entrañables Un placer leerlos. Yo también tuve una maestra que se llamaba doña Pepita. Era muy seria pero me enseñó muchas cosas y tengo de ella buen recuerdo, también yo era muy aplicada y buena niña y era fácil de llevar en el colegio.

CARMEN MARTAGÓN ENRIQUE dijo...

Me encantan esos recuerdos. Son tan entrañables Un placer leerlos. Yo también tuve una maestra que se llamaba doña Pepita. Era muy seria pero me enseñó muchas cosas y tengo de ella buen recuerdo, también yo era muy aplicada y buena niña y era fácil de llevar en el colegio.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Me encanta leer como te defines de pequeña. Que cierto es que nuestros primeros maestros solían dejar un recuerdo imborrable en nosotros.
Que tengas una semana feliz Carmen.

Soñadora dijo...

Como no ibas a escribir esto si tu eras el mismo tipo de maestro.Estoy repasando el blog y leo lo que un antiguo alumno decía de tí hace un par de días.
Una suerte conocerte.