jueves, 7 de junio de 2012

COLABORACIONES EN ROSA Y AMARILLO

Quiero ofreceros una nueva colaboración de mi amiga la poetisa asturiana AURORA GARCÍA RIVAS, hace unas semanas os la presenté con un delicioso cuento "LA CAJA DE MÚSICA" (ver página de 16 de marzo) y hoy lo hago con "EL PARAGUAS".
Aurora está en posesión de numeroso premios y reconocimientos a su trayectoria como novelista y poetisa, ha publicado en portugués, gallego y su lengua vernácula gallego-asturiano.
Ahora nos regala este cuento lleno de ternura y de ese punto de misterio con que tanto le gusta adornar sus relatos. Un honor para el blog esta nueva colaboración
Gracias amiga Aurora.



EL PARAGUAS

Hace unos días, cuando regresaba de dar mi paseo por el camino que sigue los acantilados, se puso a llover a cántaros. En un momento me puse como una sopa. Me apresuré todo lo que pude para guarecerme bajo la última de las pérgolas que jalonan el sendero, aun cuando estaba segura de que no iba a servirme de mucho.
Poco antes de llegar, me encontré con él: era el hombre que todas las tardes hacía el mismo camino que yo y que se paraba sobre las rocas como si estuviera clavado en ellas, como si fuese el espíritu del aire; miraba al mar abatido, triste, ausente. No importaba qué tiempo hiciera, acudía puntual a aquella cita misteriosa y atisbaba el horizonte como si esperase a alguien.
Aquel día diluviaba, pero él parecía no sentir el frío del aguacero ni el azote del viento... Tampoco abrió el paraguas que llevaba siempre, lloviera o no, y que nunca le había visto usar. Miraba al horizonte absorto, en una especie de éxtasis  como si, de un momento a otro, fuese a echar a volar sobre las olas.
Cuando llegué a su lado, estaba empapada. Tenía frío y pensé que iba a coger una otitis. Entonces tuve la idea de pedirle el paraguas puesto que él no lo usaba; al menos me protegería algo la cabeza. Me acerqué a él y lo saludé.
—Hola, buenas tardes.
Me miró como si no me viese, pero reaccionó y creí adivinar un gesto de cordial simpatía en sus ojos.
—¿Sería tan amable de prestarme el paraguas, por favor?
Parecía no asimilar mi petición y me miró largamente. Al fin, me lo tendió sin contestarme; abandonó su atalaya, dio la vuelta y se alejó camino de la cuidad cuidando de esquivar los barrizales que la lluvia había dejado entre la hierba. Yo me quedé con el paraguas en la mano más sorprendida que si me hubiese dicho que no.
Al verlo marcharse con paso decidido, probé a abrir el paraguas levantándolo por encima de mi cabeza. De repente, me envolvió una sombra: me cayó encima toda la flacidez de la tela que se había soltado de las varillas y vi. cientos de agujeros por los que entraba la luz cenicienta de la tarde. Me liberé como pude de aquel desbarajuste de óxido y polillas y empecé a correr tras el hombre para devolverle aquella inutilidad, pero ya no pude alcanzarlo. Había desaparecido entre la lluvia como un encantamiento.
Ya en casa, intenté arreglarlo; lo enrosqué, procurando disimular tantos agujeros y tantos rotos como tenía, y me puse a meditar sobre el misterio del paraguas, siempre en la mano del hombre y siempre cerrado. Supuse que tendría sus razones. Qué sabía yo de su alma… Qué puedo yo saber del alma de nadie… Tuve la impresión de que, aun sin haber hablado nunca con él, ya éramos amigos. O, al menos, que había entre nosotros un especial entendimiento.
Al día siguiente volví a dar mi paseo y llevé el paraguas a su dueño. Lo encontré en el sitio acostumbrado, en las mismas rocas que bajan como filos de espadas hasta el rompiente. Estaba inmóvil, de pie frente a la galerna que amainaba a aquella hora.  Parecía atrapado por una parálisis. Lo saludé con un susurro para no asustarlo y se volvió hacia mí. Por primera vez pude ver con claridad sus ojos pintados por todos los grises del anochecer. Me dirigió una mirada que parecían venir del mismo fin del tiempo pero advertí en su cara el albor de una sonrisa.
— Tenga —le dije devolviéndole el paraguas—, muchas gracias.
— De nada, pídamelo cuando quiera. Yo no lo uso nunca.
Desde entonces, llueva o no, yo también llevo un paraguas cuando paseo por la orilla del mar. No quiero que mi amigo piense que, si llueve, no le pido el suyo porque no me atrevo, o él me lo ofrezca y no sepa cómo decirle que no sirve para nada.
     Aurora G. Rivas

25 comentarios:

Realidad y Ficción dijo...

Una historia peculiar. Abierto a diversidad de interpretaciones o entendimientos, es como el paraguas, repleto de agujeritos por donde se cuela la luz y el agua. Me sentí como el hombre mirando el horizonte, abstraído de todo, muy adentro.

Un fraterno abrazo desde el confín austral.

Realidad y Ficción dijo...

Diego, soy yo, Eva Magallanes!!!!
Muchos muacs!

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Hola Eva...!!! Bienvenida al blog, un placer tu visita.
Besos hasta ese maravilloso confín austral.

luna dijo...

Una bellisima historia..
Un abrazo y mil besos..
Gracias por estar.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias en nombre de Aurora Luna.
Y gracias a tí por no olvidar este rincon de colores.
Besos.

Soñadora dijo...

Los agujeritos del paraguas son como las canales por donde caen los sueños cuando llueven ilusiones.
Enhorabuena a la autora y gracias a tí Diego por ser tan generoso.

Un abrazo desde el sueño de una noche casi de verano...

Felicidad Batista dijo...

Diego, una historia muy interesante la que publicas en tu blog.
Sin duda, como apunta Eva Magallanes, abierta a muchas interpretaciones. Donde la soledad, el paso del tiempo, los días que se repiten y el mar y la lluvia como elementos símbolicos que envuelven la atmósfera.
Felicitaciones a su autora Aurora García Rivas.
Un fuerte abrazo, amigo

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias soñadora, siempre tu comentario lleno de la poesía que solo sabe dar la madrugada.
Un cercano abrazo

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Amiga Felicidad gracias por tu visita. Me ha encantado tu último relato. Una preciosidad como todo lo que escribes.
Un fuerte abrazo querida amiga.

Aurora García Rivas dijo...

Gracias, Diego, por difundir mis cuentos. Tengo más lectores en tu blog que en el mío. Un abrazo.

Rud dijo...

Hola, Diego
Tener la colaboración de alguien con tanto talento, como doña Aurora García Rivas, es sin duda una gran suerte.
El hombre del relato me recuerda la película "Hombre mirando al sur", alguien que también se plantaba con su mirada lejana y atenta esperando a aquella que en verdad nunca llegó.
Interesante y misterioos relato; me encantó.
Deseo que pases un maravilloso fin de semana :)

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Aurora amiga, tus cuentos prestigian este blog.
Siempre tendrás sus páginas abiertas a tu inspiración.
Un abrazo.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Hola Rud, hasta tu colorista Colombia mi gratitud por tu visita. Cierto que es un placer contar con colaboradoras de la categoría de Aurora. Gracias en su nombre.

Un abrazo y que seas feliz.

Carolina dijo...

Muchas felicidades a su autora, señora Aurora. Es un cuento bellisimo, muy poetico de olas grandes y cielos tormentosos. Imaginé ese encuentro en la tempestad y que el paraguas flotaba con deseos de volar hacia un relampago que iluminaba el mar.. y que se produjera el milagro del amor.

Un fuerte abrazo, Diego, desde el sur al sur.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Sin duda el milagro del amor se produce cada vez que leemos narraciones tan bellas como ésta.
Graias Carolina. Hasta Buenos Aires te envío mi agradecimiento en nombre de mi amiga Aurora.
Besos.

José María dijo...

Una excelente narración y un magnífico gusto a la hora de elegir colaboradoras.
Me alegran tus ultimas noticias.
Un abrazo

Aurora García Rivas dijo...

Si Diego -tan gentil siempre- me lo permite, quiero, desde aquí, daros las gracias a todos por vuestro interés y por vuestra amable consideración para mis cuentos. Francamente, nunca los habían leído tantas personas, algo que me anima a seguir escribiendo y pidiéndole a Diego que los copie de mi propio blog según vayan saliendo, si le apetece y no es una gran molestia para él.
Gracias a todos. Gracias, Diego. Un abrazo. Aurora

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Las gracias te las doy yo Aurora, das categoría al blog con tus escritos tan llenos de calidad humana y de poesía. Además de contrubuir tu y las demas amigas que me envían colaboraciones a que las visitas sl blog se disparen.

Verás, habitualmente las visitas diarias oscilan sobre las 50, pero cuando hay alguna colaboración se duplican, superando las 100.

La red bloguera es tan ammplia que entre unas y otros se facilitan el acceso a mi blog para poder leeros.

Un gran abrazo

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Jose María, amigo, muchas gracias por tus palabras. La admiración es recíproca.

Un abrazo

mardelibertad dijo...

Hola Diego.Tal como leía, creía saber el final,me equivoque.
Un paraguas que arropa y acompaña,
misterioso y enigmático cuento,bonito de leer...
Desde la cercanía un abrazo

Smareis dijo...

OLá amigo!
Uma maravilhosa postagem. Gostei imenso da história.
Parabén pelo poeta.

Grande abraço!

Del Rosa Al Amarillo dijo...

mardelibertad, es un precioso cuento con un final imprevisible pero llen de disfrute personal.
Gracias en nombre de la autora.
Desde esa cercanía te devuelvo tu afectivo abrazo.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Obrigado Smareis em nome do autor, microônibus é uma bela história.
Até seu colorista Brasil um grande abraço e a minha gratidão por sua lealdade com o blog.

Amaya dijo...

Querido Diego un cuento delicioso. Es magnífica la calidad que tienen las colaboraciones a las que generosamente abres el blog.
El anterior de Aurora, LA CAJA DE MÚSICA, me trajo recuerdos adolescentes y este es realmente magnífico.
Para tí, mi saludo de cada página y un abrazo

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias Amaya, seguidora sin falta del blog.
Un placer cada vez que leo tus saludos.
Besos.