sábado, 17 de agosto de 2013

SUEÑO EN COLOR MEDITERRÁNEO

De mi libro MIS SUEÑOS EN 39 COLORES

XXXIII. SUEÑO  EN COLOR  MEDITERRÁNEO

                       Había sido un despertar diferente, sentía la cercanía salada del agua marina, percibía cómo la proximidad del océano me empapaba con la promesa de un sueño diferente. Durante la madrugada, juntos y amándonos, habíamos navegado por aguas procelosas, mares en calma y corrientes contradictorias, dejándonos llevar por las mareas de nuestra pasión hasta recalar en este recién estrenado despertar.


                     Me miraste desde las veladuras del sueño y me pediste un cuento: marino…”, especificaste, acompañando tus palabras con un descuidado ademán para apartarte el cabello que te sonreía, desde su proximidad a tus ojos perdidos entre una inmensidad de promesas.


                       Marinera… ¿Quieres un cuento marino…?,  te pregunté…


                       Si, quiero un cuento humedecido por contornos azules y olas blancas llenas de princesas oceánicas y delfines alegres. Sonreí mientras miraba la inmensa llanura liquida que nos rodeaba, abrazándonos  hasta empequeñecernos, y comencé:


                       Sueño, hace siglos, cuando en un parto doloroso, se separaron la tierra y los mares, el primer hijo nacido fue un inmenso cinturón acuático que rodeaba toda la tierra y al que llamaron Océano. Su Dios primitivo, barbudo y soberbio, vivía en una gruta acompañado de su bella mujer Tetis,  de ese amor habían nacido trescientas hijas: Las Oceánidas y un solo hijo varón, Nereo, que reinó en un trozo del Océano llamado Mediterráneo. Cuantos sueños detrás de ese nombre lleno de luz y de vida… Mediterráneo.  Allí tuvo cincuenta hijas: Las Nereidas, con nombres pertenecientes a los colores y las cualidades de las olas. Así nacieron la Presumida, la Verde, la Ondulada, la Lenta, la Graciosa, la Altanera… Pero la más hermosa de todas era,  sin duda alguna, la representante de la espuma blanca de las olas: Anfítrita y de ella se enamoró el Dios griego del mar,  Poseidón. Anfítrita, desde niña, siempre había esperado que algún delfín apareciese trayendo en su lomo un príncipe encantado, viajero de la tierra donde reinaba Zeus, con quién huir de las profundidades y de la soledad del mar para corretear por las verdes orillas que divisaba desde la cresta de sus amigas las olas.


                       Pero el delfín solo le traía proposiciones de Poseidón, ninguna de Zeus,  y la Nereida, ante tanta insistencia, soledad y deseos insatisfechos de volar más allá de su azulado Mediterráneo, acabó por aceptar. La infelicidad fue el soporte de su matrimonio, asustada, despechada, tremendamente sola, aún estando rodeada de sus olas coronadas de espuma, unas olas de las que creía estar cansada, sin saber cómo las deseaba, porque había olvidado que las necesitaba para recuperar  su perdida libertad…   Fue entonces cuando quiso abandonar a su esposo.


                     Al conocer Poseidón sus pretensiones, la repudió desterrándola hasta el fondo del mar para entregársela a Nereo, su padre, con la maldición de que debería vivir en las más recónditas y oscuras grutas y de que solamente pasearía sobre la cresta de las olas para recibir a todos los ahogados que pereciesen en noches de luna llena, entre las aguas del Mediterráneo.


                    Desde entonces, Anfítrita salía cada noche lunar de su cueva en las profundidades y aguardaba, sobre la espuma blanca de las olas, los cuerpos de náufragos para acompañarlos en el último suspiro sobre la blanca palidez plateada de sus caras.  Cuando los divisaba, les tendía los brazos, los abrazaba contra sus pechos duros e inmaculados, los apretaba contra su cuerpo nacarado.  Su boca fresca buscaba la del náufrago en un beso que parecía salvador y que, sin embargo, lo arrastraba, sin cólera ni resistencia, hasta que una tremenda e ingente marea salada, anegaba el pecho del ahogado mientras bajaba, en sus últimos estertores, hasta las cuevas del reino de Nereo.  


                      “Pobre Anfítrita”,  me dijiste desde tus ojos velados por la sal y por alguna lágrima furtiva. “¿Cómo el amor despechado puede llevar a una mujer desde la soledad, hasta las profundidades amargas de ser compañera de ahogados en noches de luna llena…?”


                     Sueño, te respondí, a esa desdichada Nereida le ocurrió en la mitología como a muchas mujeres que, aún conociendo cuál es y donde está su verdadero amor, toman, sin embargo,  la ruta equivocada de la comodidad y la sumisión para engañarse a sí mismas y acabar viviendo en la metáfora de Anfítrita, alejada del gran y único amor que todas las personas conocen una sola vez en su vida para morir, un poco cada día, instalándose en la desdicha de la soledad y del desamor. Tiernamente dulce me miraste para decirme…

“Amor, quiero que me cuentes otro cuento con final más feliz…”
“¿Cómo lo quieres…?”,   te dije mientras acariciaba amorosamente tu alma.
“Quiero un cuento donde icemos nuestra bandera amarilla, nos perdamos por los manglares de nuestras almas y, sobre todo… que nunca  antes se lo hayas contado a nadie…”




La fotografía es obra de JORGE LÁZARO y la módelo, mi ANFÍTRITA en sueños, es en la realidad, YUZUIRE ARAIA. Expresiva y amante de la cámara... Gracias a los dos.

10 comentarios:

Amaya dijo...

Una delicia, mi saludo más afectivo y mi felicitación al fotógrafo.
Un abrazo

algamarina dijo...

Exquisitas obras que producen placer profundo recorrerlas línea a línea y por imágenes visuales y sensitivas, con la vista, la piel y el alma, en un mágico sonido a olas...

Desde mis mareas que esperan, saludos azules...

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias Amaya fiel amiga y segudora del blog. Aunque este sueño ya lo concoes de mi época de Uniradio y Del rosa al amarillo. Un abrazo.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Algamarina hasta tu querida Argentina mi agradecimiento por tu visita y tus palabras.
Saludos saldos con olor a Mediterráneo.

Soñadora dijo...

Un sueño cuento exquisito.La moraleja dsgna de ser atendida SIEMPRE.
NO me canso de leer los sueños. Cuanto me habría gustado la idea original del audiolibro. Ay el maldito dinero...!
Un abrazo amigo Diego.

Anónimo dijo...

Preciosa foto para un precioso sueño.
Saludos calurosamente agosteños.

Un abrazo

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Efectivamente soñadora, el malditó parné que dice la copla impidió la materialización del audiolibro.
Hoy si no te arrimas al ascua de la sardina de las subvenciones oficiales no hay otra manera de publicar que a costa de tu bolsillo y pese a magnífica acogida de ventas del libro aún me ha costado dinero.
Pero la satisfacción de verlo en las librerías me compensa sobradamente.
Un abrazo amiga.

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias para anónimo, la verdad es que la foto de JORGE LÁZARO es una maravilla.
En su página de facebook tienes verdaderas obras de arte. Disfrútalas.
Un saludo

Rembrandt dijo...

Es hermoso , me enamoré de este cuento. Ella sí encontró su amor y es felíz. A veces hay que ser valientes y tomar decisiones difíciles y quizás (analogía mediante), contra la corriente, pero que al final llevan a buen destino.

Me encantó que me visitaras, pido disculpas por mi demora pero a veces mis tiempos están complicados, no obstante es grande el placer que me provoca llegar hasta aquí.

Besos desde el Sur.
REM

Del Rosa Al Amarillo dijo...

Gracias por tu visita REM, un placer paseare por tu blog siempre repleto de poesía.
Hasta tu querida Argentina... Que cerca y que lejos... Mi abrazo afectivo.