miércoles, 26 de agosto de 2009

MI CUADERNO DE BITÁCORA


Hola a todos los amigos y amigas de este entrañable rincón en ROSA Y AMARILLO que, con tanto esmero, cuido para todos los seguidores del programa. Desde hoy estaré más cercano a todos vosotros/as, sigo en la playa, pero he incorporado el acceso a la red desde aquí y eso me facilitará volver al contacto diario con estas páginas

Quiero hoy presentaros una de las novedades del programa cara a la próxima temporada, se trata de mostraros, necesariamente resumidos, los recuerdos y las vivencias de mis viajes por el mundo: El Cairo, Jerusalem, Estambul, La Capadocia, Shangai, Pekín, La Habana, las playas caribeñas de Isla Margarita: Juan el Griego, Yaque, Parguito... El exotismo de Marruecos, los preciosos pueblos de los Alpes: Lucerna, Salzburgo, la dulce y romántica Venecia o las grandes capitales europeas: Viena, Bruselas, Amsterdam, Lisboa, Munich, Budapest, Ginebra, Roma o Paris... todos unidos por el nombre genérico de MI CUADERNO DE BITÁCORA, ya el pasado año probé con mi viaje a Cuba, y hoy quiero repetiros un resumen de aquél artículo con mis sensaciones en esa inolvidable ciudad que se llama LA HABANA...





... LA HABANA, olores y aromas a tabaco y ron, a sensuales abrazos del Atlántico y del Caribe, a brisas coloreadas de boleros inolvidables. LA HABANA, un ciudad donde cada calle, cada rincón, cada plaza, cada bulevar tiene su propia historia. Una ciudad con sabor diferente, con una luz distinta, se diría que en LA HABANA no hay ruidos, solo sonidos. Sonidos a música en cualquier barecito, en cada casa de comidas, los paladares, salsas y boleros a cualquier hora del día, sonidos a viejas radios escapando por las ventanas abiertas de pisos ruinosos y voces a niños jugando, que ya son sonidos olvidados en otras ciudades...

Calle del Obispo, desde el Floridita, el templo de daikiri, hasta la Plaza de Armas y su mercado de libros usados, pasando por Ambos Mundos, una cerveza Bucanero y su piano siempre acariciando boleros... La Plaza Vieja, con su casa de Cádiz, pura Andalucía colonial trasladada por la brisa del Atlántico a través del Océano, la bajada por el Prado hasta el Malecón, llena de palacetes desconchados rezumando historia entre el desgarro de sus fachadas coloristas y el caminar voluptuoso de las habaneras en flor, la alegría estrecha de la calle Mercaderes o Compostela o San Ignacio. La Casa de la Obrapía, impresionante por su belleza y sus patios interiores totalmente remozados. La Plaza de la Catedral, adornada con las cubanas ataviadas para el turista, enormes puros y suave contoneo de sus caderas, frente el palacete del Patio, sones, bullicio, comidas y combinados en un ambiente de hace siglos y abrazándola, a la vuelta de la esquina, la Bodeguita del Medio, icono del buen mojito...



Pasear en coche de caballos desde el Parque Central hasta el Vedado, pasando por Habana Centro y el Barrio Chino, entrar por el Cementerio Colón, una obra de arte, sentimientos esculpidos en mármol y lleno de leyendas como la de Amelia y su tumba rodeada de creyentes, de rituales y de flores frescas, seguir y tomar un helado en Copelia, con sabores a fresa y chocolate y un mojito en el jardín del Hotel Nacional, volcado sobre el Malecón, mientras te cantan boleros a la hora del almuerzo...

Cruzar las avenidas de Miramar y regresar al bullicio del Parque Central y el Capitolio, rodeado por el antiguo Centro Gallego, hoy Teatro Nacional García Lorca. A su frente los soportales, tras el Centro Asturiano, fachadas derruidas pero llenas de viejas grandiosidades. La comida en Los Nardos y el café en la terraza del Hotel Inglaterra... Recrearte en los viejos automóviles de hace medio siglo con sus imponentes carrocerías y sus colores impecables y gritones como la propia ciudad, los coco-taxis, las bicicletas con pasajeros, los coches de caballos


Pasear por La Cabaña, junto al Morro, en la otra orilla de la ciudad, llenarte de su atardecer en mil colores que se esconden tras las lejanas avenidas de Miramar y esperar el cañonazo de la 9 tomando un mojito mientras escuchas, por enésima vez, a grupos que animan todas las terrazas de la fortaleza donde vivió el Ché... Más adelante, en la misma orilla, la Santería, Guanabacoa, Regla y su Virgen Negra, la yemayá de los viejos esclavos africanos que escapaban desde la ciudad... cuanto fervor en los rezos y las ofrendas y, en sus puertas, las viejas descendientes de esos mismos fugitivos vestidas de blanco y amarillo, te predicen tu futuro o clavan las agujas de vudú...

El regreso, acariciado por olores a muelles y a sal, en las barcazas que se abren camino por la bahía de La Habana entre estertores cansadas de navegar..



Caminar por sus pueblos coloniales, detenidos hace siglos... Caibarién, Remedios, su plaza con dos iglesias y su leyenda de una Virgen aparecida en el mar y rescatada por unos pescadores que en noche de luna llena se cambia tercamente de una a otra iglesia... Sus casas restauradas y refulgentes de añil, rosa, amarillo, anaranjado... una gama de colores que da a Cuba esa sensualidad única de borrachera visual...


Y lo mejor de Cuba... Sin duda: Los cubanos... A cuanta buena gente conocí: Ernesto Cantelli, poeta, escritor, director de teatro, cicerone rebosante de cultura, inolvidable sus versos recitados a viva voz en la misma puerta de la Bodeguita del Medio. Mª Victoria Durán y Manolo Fernández, Directores de Génesis, la Galería de Arte de la Plaza Vieja, organizadora de la Bienal pictórica de La Habana. Inolvidables dos cenas en casa de Manolo con su bella esposa Odalys y tertulias irrepetibles hasta la madrugada y en Remedios, la familia de Alfredín, que nos abrió su casa y sus corazones ofreciéndonos desde su escasez todo cuanto podían para agasajarnos... Cuanta buena gente: Yolanda, Directora de la Casa de Cultura de Remedios, Rudy un cochero encantador, Adolfo, sabio y culto taxista...

Yo, parafraseando a Carlos Cano, quisiera y me atrevo a decir que..."Andalucía es La Habana con más salero y La Habana es Andalucía con más negritos..." Hasta siempre amigos cubanos que la brisa del Atlántico os lleve mis recuerdos y mis nostalgias... Volveré.


Un fuerte abrazo de vuestro amigo DIEGO LOPA

viernes, 7 de agosto de 2009

UN REFRESCANTE SALUDO VERANIEGO

Hola queridos amigos/as... No sabeis como noto en falta vuestra cercanía desde mi vacacional ausencia del blog y del programa. Gracias a todos y todas los que, pese a la ausencia, no habeis dejado de entrar hasta el blog para dejar vuestro recuerdo...

Quiero entregaros hoy un obsequio en forma de SUEÑO, cuando comencé la aventura de escribirlos, este fue el primero y no se porqué lo titulé SEPIA... Pero me gustó tanto que me empujó a continuar hasta completar esa cifra mágica de 39 colores que, en un momento de cercanía, alguna de mis lunas del alma me inspiraron...


Lo acompaño de una preciosa foto de un pueblo gallego que, por las imágenes que acabo de ver, más parece un trozo del cielo que una parte de la tierra... El momento del día, justo cuando se aleja de la luz solar para ir enamorándose de la luna, recibe el precioso nombre de LUSCOFUSCO... Os dejo con la preciosa instantanea y con mi SUEÑO EN COLOR SEPIA...


"... Te quitabas el lazo de tu cintura, te arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda, de algodón me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y reías. Estábamos tan cercanos que no podíamos ni vernos, los dos absortos en un rito que pretendíamos eternos y desembocaba efímero pero repetible, envueltos en el calor y el olor que creábamos juntos.

Me abría paso por tus caminos del alma, mis manos buscaban por tu cintura temblorosa y encontraban las tuyas impacientes para recorrer juntas los caminos interminables de los sueños compartidos. Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tu presencia mientras me decías mil veces ven con tus labios posados sobre los míos.

En el instante final teníamos un atisbo de una completa soledad, disfrutada a partes iguales, cada uno perdido en su quemante abismo, pero gozando de un horizonte compartido donde pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego, para descubrirnos abrazados en el desorden de los inmensos almohadones, bajo el mosquitero blanco de nuestros sueños.

Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos del alma, unas veces sonreías mientras los entornabas y otras te sentabas a mi lado. Las piernas recogidas con una gracia innata que oscilaba entre la inocencia y la provocación, gustabas de pasarte tu chal de trasnparencias entre un hombro y tus pechos que sonreían tras la proposiciones indecentes y mágicas del tejido y, todo esto, lo hacías rodeada del silencio de la noche que apenas comenzaba.
Así te recuerdo... en una calma, mezcla de extenuación y de deseo renovado...

Yo entonces te miraba, perdiéndome en la inmensa profundidad de tus ojos claros y te susurraba al oido

- Cuéntame un cuento...
- ¿Como lo quieres...? Me preguntabas...
- Y yo, izando nuestra vieja bandera amarilla, te respondía... "Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie..."

Un abrazo de vuestro cercano amigo, DIEGO LOPA